Profundamente influenciada por el minimalismo de Ryuichi Sakamoto, la visceralidad de Fiona Apple, la capacidad innovadora de Joana Gama y la estructura hipnótica de Philip Glass, Surma propone un espectáculo sensorial donde el silencio, el sonido y la emoción conviven en un equilibrio poco común. Este nuevo concierto es mucho más que una reinterpretación: es una reescritura emocional de su discografía, una propuesta estética que invita al público a escuchar y sentir con una profundidad diferente.


El ser humano está obsesionado con el vacío, con rellenarlo, hacerlo suyo, colonizarlo. Algo parecido sucede con el silencio. Su infinitud es una idea que no podemos soportar; nos sentimos predestinados a dominarlo por culpa de una pulsión que ignora por completo que el vacío y el silencio ya son formas organizadas, que no necesitan que se les imponga un orden. La portuguesa SURMA entiende esta ley propia de la nada y su fragilidad y, caminando de puntillas alrededor de ese vacío, construye sus melodías a través de loops sonoros, texturas inesperadas y la delicadeza de un dialecto propio.
Carmen Salas
arquitecta