Ambauka nace en 2008, cuando un grupo de monitores del Esplai l’Agrupa de Molins de Rei decide formar una banda para celebrar la Fiesta de la Primavera. Desde sus inicios, el grupo ha destacado por su apuesta por espectáculos familiares de calidad, dirigidos a todas las edades, que combinan entretenimiento, valores y emociones con una propuesta musical que fusiona sonidos populares y contemporáneos. Con cuatro discos publicados y una película, Ambauka continúa manteniendo intactas la esencia, la frescura y la energía que la han convertido en uno de los referentes de la música familiar del país.
Anna Ferran: voz
Magí Canyelles: voz, tenora y gralla
Josep Miquel Janés: guitarra
Pau Cardona: bajo
Francesc Aparicio: batería
Joel Díaz: acordeón diatónico y teclado
Pere Ferré: trombón
A la boca del metro hay dos ojos cerrados. Solo los que tenéis hijos —o los que tenéis muchas ganas de tenerlos— veis a los niños. Y ni siquiera. Los hombres con corbata que, después de engendrar, viajan, hacen reuniones y firman papeles para hacer crecer el cemento tampoco los ven. Las abuelas, que forman parte del grupo de quienes han tenido hijos, y las maestras, que todo el mundo sabe que son segundas madres, sí los ven. El resto, no. Por eso, el gigante duerme. Las legañas le han sellado el sueño y la ciudad lo ha dejado sin despertador: se han prohibido las pelotas en las plazas, los teatros ya no programan espectáculos infantiles, los restaurantes queman las tronas y el repiqueteo del martillo hidráulico ahoga las carreras del último niño.
En el sueño del más gordo, que ronca panza arriba bajo las calles, se cuela una melodía. Por el brazo izquierdo, que reposa dentro de los túneles de la R4 hasta Molins de Rei, le llega un canto de nombre impronunciable. Lleva diéresis, una “k” y acento, y suena como el país de un dulce engaño: “Ambaükatunàbia, Ambaükatunàbia…”, repite el eco de las vías del tren. Seguro que trae consigo una historia ancestral. Le habla de él, de los tiempos pasados de vigilia y de un primo que vive en el bosque, en el pinar. AMBAUKA canta y el gigante sueña. Sueña un deseo: dar a luz. Que en su vientre crezca la chiquillería y que lo despierten sus gritos. De buena mañana, la ciudad, que antes era llana, se despierta con una colina en pleno centro. Alquitrán resquebrajado, edificios derrumbados. En lo más alto, dos pinos hacen de portería.
Laura Tapiolas
Periodista